La bici te conecta: con vos mismo, con los otros, con la naturaleza, con la ruta, con tus sentidos. Te conecta de verdad, no a través de wifi. No dependés de una pantalla y una buena conexión, sino de cuán bien funcione esa otra energía invisible: la predisposición. Volvés a ser un niño, o sacás a tu niño interno: disfrutás de la cosas sencillas (porque para mí, eso lo perdemos cuando empezamos a ver tele y nos comemos todas las publicidades), amás comer sentado en el pasto, llegar al final del día con las piernas con marcas de la cadena, los pedales y algo de barro te pone feliz, querés tocar y oler todo, estar mucho tiempo quieto te pone ansioso.

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