ciclos hojas naturaleza

Una noche en Saraguro, viendo la peli peruana «Qué tan lejos», me quedó muy grabada una frase. Estaban dos de los protagonistas ¿sentados mirando el mar? y dicen algo así:

– A mí nunca me tocan finales felices.
– Un final feliz depende.
– ¿Depende de qué?
– Depende de donde pongas el punto final.

Cuando me robaron hace casi dos años, podría haber tirado la toalla, ponerle punto final al viaje y tener un final triste, pero elegí seguir, que todavía quedaban varios capítulos por escribir. El final depende de nosotros, y eso podemos elegirlo.

*

Más de una noche me acosté y me largué a llorar.

Volví, y sé que no es definitivo, sé que es solo una visita, un intermedio en mi viaje en bici. Pero es como cuando ponés un dominó en fila, y la caída de una ficha implica la caída de las otras: el efecto arrastra. Se me pasan los días y el bloqueo al sentarme a escribir deriva en: desmotivación, preguntarme si esto que creí que me gustaba es mi camino, si realmente quiero escribir, si no debería buscar por otro lado. Lo mismo que me pasó cuando terminé de escribir el libro.

Me contradigo sola: me gusta escribir, pero la computadora por momentos me asfixia. Y siento necesidad de usar las manos, de explorar otras cosas: tengo ganas de aprender a dibujar, de tejer con mi mamá, de volver a pintar (y darle uso a mi caja llena de acrílicos y óleos que tengo hace años guardada que dejé a medio usar), de encuadernar. Necesito usar más mi cuerpo: volver a las telas, hacer yoga. Moverme.

Estar quieta -y en una ciudad- me hace dar cuenta de algo: necesito naturaleza. Y eso que no vivo en un edificio y la luz y el verde y los pajaritos entran por las ventanas. Cuando en el último de la secundaria fui a hacerme un test vocacional, en uno de los ejercicios la psicopedagoga me pidió que me dibujara en diez años. ¿Resultado? Algo así (sí, nenes con palitos):

A modo ilustrativo... hecho 9 años después (y dibujo igual)
A modo ilustrativo… hecho 9 años después (y dibujo igual)

Viajando en bici tenía tanto aire tanto sol tanta lluvia tantos sonidos tanta naturaleza tanto movimiento, que cuando me quedaba unos días en una ciudad, corría a la compu. Necesitaba sentarme a escribir. Ahora tengo tanta compu tanta silla tanta pantalla tanta estaticidad que me desespera.

*

Necesito que mi trabajo me aporte a mí -como desafío- y a los otros -como un granito de arena. Y encontrar el camino no es fácil. ¿Es que acaso hay uno solo? ¿Una única ruta sin desvíos ni otros carriles? Siento que me faltan explorar cosas, que tengo otros intereses, y no entiendo dónde están. Y me pregunto por qué los hecho en falta si no sé ni cuáles son

Ver hacia atrás ayuda a entender todo un poco: mis últimos años han sido ciclos. Kenia, mi primer viaje sola, Chile, Sudamérica. Cada uno fue un ciclo, cada uno me costó al empezar, me arrancó lágrimas, me hizo pensar si quería estar ahí (sí, a veces dudo incluso de lo que creo estoy tan segura), me hizo sentir sola. Hasta que mi mente y mi cuerpo se alinearon y ocurrió la magia: empecé a disfrutar.

Todo en la vida son ciclos...
Todo en la vida son ciclos…

Me cuesta arrancar, sentirme de nuevo en la dinámica (del viaje o de estar quieta) hasta que yo y mi alrededor y el todo se alinean. El ¿problema? es la transición entre ciclo y ciclo, esa parte baja de la montaña rusa donde se toma envión, la vuelta del bucle en la que me cuesta hallarme, saber cuánto falta para el próximo envión y saber que, de nuevo, va a costar.

Lo bueno ahora es que ya lo sé: después de tantos ciclos, de tantas montañas rusas, ahora entiendo que es así, que a veces  es estar feliz y a veces llorar, que estás abajo porque sabés lo que es estar arriba. Ciclos que se repiten una y otra vez prque la vida es así: etapas, procesos, cambios, vaivenes.

Me voy a dormir escuchando Norah Jones, la misma canción que sonaba cada noche cuando vivía en Córdoba. Pensar que en ese momento creía que vivir allá sería una etapa que nunca acabaría. Que siempre estaría en Córdoba, con mis amigas y mi vida multi tasking. Y se terminó sin que lo notara: simplemente un día me fui y tiempo después entendí que ya no volvería nunca a la Córdoba de esos años.

Los bajones emocionales me saben iguales: creo que nunca se van a terminar, que esa angustia no tiene fin. Hasta que vuelvo a tomar el envión para subir.

Este post forma parte de la serie «Ir para volver»:
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Me gusta ver este blog como un espacio en el que compartir mis viajes para animarte a que vos también te lo hagas. Vas a encontrar historias, fotos, info útil y consejos para te animes y des el primer paso.

13 Comentarios

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  4. Nati!

    Llevo poco más de un mes en casita y ahhh! Cómo me he acordado de ti y de tu jardín, de lo que me contabas de que solo querías estar en casa durante esos meses y salir a pasear en bici, hacer yoga y nada más! Yo lo mismo. He descubierto que vivo en un valle HERMOSO. Obvio he arreglado mi bici y así me paso los días (lo llamo «perseguir el atardecer», es decir, coger un caminito de tierra de todos los que van dirección al sol y seguirlo).
    Respecto a lo que dices de por qué volvemos a irnos. Yo sigo pensando en ello (ahora, de hecho, también tengo miedo de no querer irme nunca de aquí, que estoy genial: tranquila, silencio y muchas cosas con las manos). Un amigo me dijo: «no te pongas cómoda en ningún lugar» y creo que ahí está la clave. En cuanto vuelvo a mi zona de paz, me olvido de lo que hay afuera y cuánto amo descubrirlo, cuánto extraño abrazar a desconocidos y ya quererlos, aprender tantas cosas. Es obvio que tengo que permitirme (tenemos que permitirnos) estos descansos, pero en cuanto nos sintamos que un día rueda tras otro y no hemos aprendido aunque sea una sola cosa, es momento de volver a la ruta. Tampoco creo que estemos haciendo nada nuevo, la trashumancia y el nomadismo son viejos como el sol, pero sí que ahora tenemos suerte de hacer que nuestro modo de vida sea conocido, global, y sobre todo de poder compartir las dudas que genera vivir en movimiento (porque pasar 6 meses en casa sigue siendo movimiento, ya sabes, esto tiene que ver más con la intención que con los tempos), hacer lo que amamos aunque a veces frustre (escribir, la bici, la soledad, la artesanía…todo tiene dosis de satisfacción y de frustración y son necesarias), aprender a valorar lo mínimo, lo cotidiano, los amigos de corazón, la gente que llega como en sincronía.
    Cómo me alegra que haya comenzado tu viaje otra vez. Don’t give up. No te exijas mucho, sobre todo escúchate y verás que llegas a los lugares donde ya te esperan.

    Un abrazzzoooooo tan grande como toda la pampa argentina! <3
    M

    • Nati Bainotti Responder

      Siempre es tan lindo leerte y escuchar tus palabras… Parece mentira, pero una vez que uno se anima a viajar, luego tiene que animarse a volver, a estar… y a veces es un desafío. Yo encontré que, por suerte, luego de mucho viajar, valoro tanto volver como irme. Me alegra mucho que estés disfrutando tu lugar, tu valle, tus atardeceres y tu estar =) Te mando otro abrazo enoooorme para que cruce todo este océano <3

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  6. Nati! en realidad me encanto tu blog, ya lei algunos post y cada vez me gustan mas, Felicitaciones por todo lo que has logrado, en realidad creo que todos pensamos alguna vez en establecernos, pero creo que no todos pueden con ello por ese espiritu libre!! Saludos!

    Ps: la pelicula «Que Tan Lejos» es ecuatoriana mismo! =D

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  8. Recién acabo de escribirle a mi hermana lo mismo: la vida son ciclos. Y hasta los días son ciclos en versión reducida: a veces estamos súper arriba, en otros momentos en el medio, otras abajo. Todos los días se trata de surfear olas. El equilibrio llega siempre, pero depende de dónde pongamos nuestra atención.

    Le estoy dando mucha vola al Mindfulness (o atención plena o conciencia plena). Leé sobre el tema que te va a gustar y servir.

    Te quiero, Nati!

    • Nati Bainotti Responder

      Y una vez me dijeron «La vida es un costante péndulo tratando de encontrar el equilibrio». Sabés que hace rato vengo escuchando de eso.. serámi hora parece =) Beso beso beso!!

  9. Amé tu post. Hace unos meses volví de mi primer gran viaje, y volver a la realidad, al sedentarismo, se me hizo muy duro. Me siento muy en la parte baja de la ola, y leerte me dio ánimo! Me hago las mismas preguntas que vos (de verdad quiero escribir? De verdad quiero viajar? No será mejor buscarme un trabajo de oficina, 8 hs. al día, y dejar de estar tan a la «deriva»?), y leer a alguien que ante esas preguntas no claudica, sino que le pone más energía para volver a estar arriba me hace sentir acompañada.
    Exitos en lo que estés por emprender. No pongamos el punto final antes de lo debido !! Abrazo

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