[Es largo, pero fue lo que me salió en esa catarsis de impotencia, tristeza y reflexión]

Nos lo habían dicho: de Paracas, de Lima, de Trujillo«Tengan cuidado, es muy peligroso». Es normal que la gente te prevenga, a veces casi que te meta miedo respecto a un lugar. Y una se cuida siempre, a una misma y a sus pertenencias, pero a veces las cosas pasan cuando uno menos se lo espera.

Cuando llegamos a Ica pasó lo que menos nos esperaba, lo último que uno quiere que le pase en un viaje, algo que empañó lo bien que la estábamos pasando y borró la sonrisa enorme de felicidad que teníamos por lo bien que nos estaba yendo y lo felices que nos sentíamos: nos robaron. ME robaron. Un p*nd*ej* de m*er*d* se fue corriendo con mi mochila, se subió a una moto donde lo esperaba otro chico, aceleraron y se fueron. Quedé consternada, espantada, impotente, sin capacidad de reaccionar o pensar, sin entender qué había pasado, cómo había pasado, por qué mi mochila estaba ahí.

Me robaron prácticamente todo (todo lo más importante): todas mis cosas de más valor, casi todo lo que para mí tiene más significado. En mi mochila chica (grave grave gravísimo error) yo tenía todo lo más importante: computadora con (esta es la peor y más dolorosa parte) mis fotos de los últimos cinco años, mis 60GB de música, mis cuadernos de viaje de los últimos meses, mis lentes (son medio chicata), mi disco duro externo (ya que perdí info, perdí todo; sólo a mi se me ocurre poner el backup en el mismo lugar que la compu), accesorios de la cámara, pasaporte, tarjeta de crédito, y otras cosas que ni las puse en la denuncia pero igual estaban ahí. Sólo se salvó -además de mi ropa y esas cosas que uno lleva en la mochila grande- mi cámara, mi plata y mi celular. El resto, chau.

*

Lloré mucho, muchísimo. Esa noche no era capaz de hilvanar ideas, de pensar. Me fui a dormir como una zombi. Al día siguiente me desperté perdida, buscando mi mochila roja y negra al lado de mi mochila grande, y no estaba: no había sido una pesadilla, fue bien real y lo sabía. Había perdido mi compu, una de mis herramientas de trabajo, mi mano derecha, mi mitad complementaria para poder seguir viajando. Mis fotos. Recuerdos de mis viajes, mis amigos, mi familia, mis años de universidad, y más y más viajes. Y mi música, recolectada en varios años, en distintos países y con diferentes personas. Música que no está ni en YouTube, que probablemente nunca más escuche. Cada vez que me acordaba de todas mis fotos, tantos años, tantos recuerdos, tantas personas, lloraba. Lloraba por sentirme tan estúpida de nunca haber hecho backup online, de nunca haber respaldado en la nube algo que tiene tanto valor para mí, a nivel personal y profesional. Lloraba no por que me hayan robado (más allá de la impotencia que me daba), sino por bronca a mí mísma, por no haber cuidado más algo tan importante para mí.

Un 30 de diciembre. Que forma más linda de terminar el año. Un año cargado de lugares, de personas, de momentos. Sobretodo eso. Momentos, situaciones. Personas y lugares. Y que termine de esta forma.

Y no quería contarles a mis papás. Un 31 de diciembre, a horas antes de Año Nuevo, tener que contarles que me habían robado. Pero fueron ellos y mi hermano los que me levantaron el ánimo. Fue Pablito, mi hermano, el que me dijo «las fotos son para los boludos como nosotros que no viajamos» y me hizo reir y darme cuenta que los recuerdos sólo me los quedo yo, que por sentimiento que haya ligado a todas esas fotos y años de recuerdos, el sentimiento y memoria de mis viajes no me los saca nadie (gracias Facebook y blog por existir además, son las únicas fotos que me quedaron).

Esto no me vuelve a pasar, siempre diltando hacer el back up online, siempre poniendo excusas de que no tenía tiempo, de que «ya lo voy a hacer», «cuando tenga mejor internet». De todas formas, esto me hace pensar un montón sobre mi trabajo, sobre cómo veo el mundo, sobre mis fotos. Desde que empecé a viajar, me quedaron cientos y cientos de fotos sin editar, esperando por mi a que algún día decidiera que era hora, que tenía tiempo libre del tiempo libre, que tenía suficientes horas y nada más interesante que hacer para dignarme a editar y ordenar mis fotos. Lo reconozco: para mí la parte más engorrosa de la foto es la edición. Me da pereza. Y así, tenía una colección gigante de fotos por editar (porque siempre me quedaba leyendo o  escribiendo o conversando), sin clasificar, sin ordenar, son seleccionar.

¿Para qué? ¿Para qué tantas fotos? Hay momentos que ni una foto logra transmitir lo que podemos explicar con nuestras palabras y recordar con nuestros sentidos. Una imagen vale más que mil palabras, pero ¿cómo retratar la dulzura de las palabras, el aroma a casa de una comida, lo afro de una canción, la conexión entre dos personas, el calor sofocante de una tarde, la alegría de estar rodeada de gente con la que nos sentimos a gusto, la felicidad de estar como en casa?

No pensaba contarlo en el blog, pensaba que a lo mejor podría materializar esa sensación de miedo que tiene mucha gente cuando digo que viajo sola, que sería demostrar la inseguridad que se puede sufrir. Y yo mismo lo pensé un segundo: ¿quiero viajar sola en bici? ¿Y si me pasa algo peor? Y automáticamente me dije ¿en serio? ¿Cuánto hace que no te dejás vencer tan fácil? Al contrario, ésto sólo me tiene que hacer más fuerte para seguir viajando, porque un par de choros (como le decimos en Argentina a los ladrones) no van a detenerme sino sólo hacerme más resistente y más atenta y precavida que nunca, porque a pesar de todo yo sé (lo sé) que el mundo está lleno de gente buena (y son más los buenos que los malos, sólo que estos últimos tienen más prensa), porque inseguridades hay en todas partes, y volverme a casa no implica que no me roben saliendo de un banco o caminando por la calle o en un colectivo o en mi propia casa o en casa de amigos (me pasaron casi todas esas) (saqué todo de un tirón, fue un descargue).

Porque hay que aprender que lo importante es que uno está sano, y la fortaleza del alma (o del espíritu o de la mente, o como quieran llamarlo) no nos la quita nadie a menos que lo dejemos, que nuestro corazón y nuestra mente no borran los recuerdos importantes, que el desapego material no es suficiente si uno no aprende a desapegarse sentimentalmente de las cosas (incluso de las cosas materiales con recuerdos). Sólo así podemos seguir avanzando, creciendo, moviéndonos, dando más de nosotros mismo.

 Como me dijo Hernán, uno de mis mejores amigos, cuando le contaba sobre el robo y lo triste que estaba:

«seguís ahí para revivir experiencias
y pensá que tenés la cámara
papel, lápiz
cabeza y corazón
y sonrisas para repartir
Porque siempre las has tenido
y vas a superar este tropiezo como siempre lo has hecho»

Me largué a llorar más todavía cuando leí el mensaje. Es así. Cada vez estoy más convencida sobre cómo veo el mundo, cómo creo que hay que relacionarse con los otros y con lo otro: las personas son lo mejor que nos puede pasar en la vida, tanto las que nos aportan con su luz como las que nos manchan un poco las experiencias pero nos ayudan a entendernos, conocernos y saber qué queremos y qué no para nuestras vidas.

El desapego es una de las mejores prácticas y filosofías que un ser humano puede aprender para ser libre; la libertad no pasa por hacer lo que queremos sino por ser responsables de nuestras acciones y de vivir la vida que queremos vivir siendo felices y haciendo lo que nos hace feliz sin perjudicar al resto ni a nosotros mismos, disfrutando cada instante y siendo fieles a una sola cosa: nosotros mismos.

Y tercero (por si no se dieron cuenta que ya van dos), como suelen decir: valorar. Valorar lo que tenemos y lo que dejamos ir, las experiencias viviads, los años cumplidas, los sueños luchados y alcanzados, las personas que llegan, se quedan, pasan; los momentos esporádicos, las cosas simples de la vida; la gente que nos quiere y nos apoya a pesar de la distancia porque para el cariño no hay kilómetros ni tiempo. A valorar la vida, porque no hay nada más lindo que ella, que nos enseña y nos brinda mil oportunidades para crecer y seguir al pie del cañón.

Sé que no es TAN catastrófico lo que pasó, que yo estoy bien. Pero me dolió, y mucho. Lloré, y mucho.Me ahogé de tanto llorar. Lloré sola, con Joa. Lloré en la cama, en la ducha, en la comisaria. Me consolé, Joa me consoló. Y también terminamos el 31 tomando cerveza, brindando por un año mejor, y empezamos el 2014 viendo fuegos artificiales y juanes prendiéndose fuego en familia, bailando hasta las seis de la mañana.

enfocarse

En que enfocarse: felicidad.

Como dice el refrán: a mal tiempo, buena caraSer feliz es una decisión.

Autora

Me gusta ver este blog como un espacio en el que compartir mis viajes para animarte a que vos también te lo hagas. Vas a encontrar historias, fotos, info útil y consejos para te animes y des el primer paso.

13 Comentarios

  1. Una gran reflexion nati…Muy lindas palabras, tienes toda la verdad, aprender a amar, aprender a ser feliz, aprender que la vida es mas que un conjuntos de hechos que nos van pasando, la vida tiene sinergia, tiene algo extra y esta en nosotros saber aprovechar ese algo extra, que hace de nuestras vidas algo especial…
    Saludos

  2. Nooo, durimo nati pero muy buena forma de pensar y superar. Te cruce en huanchaco, en el hostel sudamerica y te vi super entera y entusiasmada metiendole a google maps y viendo lo giganteee que es brasil! Diciendo sii por aca hay ruta, me puedo mandar en bici jaja. Que grande!! Un saludo desde cuenca y a seguirle metiendo!

  3. Hola Nati,

    Me paso lo mismo, hace 3 años, un 26 de diciembre en Venezuela. Para ser más precavida, había puesto todas esas cosas importantes de las que hablás (backups incluidos) en una mochila grande. Porque claro, quien se iba a llevar una mochila de 15 kilos, Y se la llevaron, Y me sentí la más pelotuda del mundo, la más impotente del mundo. Igual que vos miraba como una tonta la mochila de Juan esperando ver la mía al lado, y la desolación que es darse cuenta que no está. Te entiendo en la rabia y en la pena…Lo bueno es que podamos sacar enseñanzas hasta en estos momentos, Yo aprendí que no necesitaba tanta ropa, y viajé mucho más liviana. Perdí uno de mis diarios más queridos, pero alguien me dio una idea: le pedí a toda la gente que compartió conmigo parte de ese viaje que me escriba cómo lo recuerdan, y me quedó un lindo rejunte. Y a la larga tb aprendí, que cuando te tiene que pasar, te pasa. Lo importante es seguir, no aflojarle!

    Te mando un abrazo muy muy fuerte, y tu hermano tiene razón!!! Las fotos no son nada al lado de los recuerdos!

    **Lau**

    • Encima hace poco alguien me dijo «peor hubiese sido que te roben la plata». No sabía con qué cara mirarla a la mina. De a poco me voy acordando fotos que tenía ahí y no quedaron en ningún otro lado… sólo trato de usarlo como excusa para volver a ciertos lugares jajajaj

      Me gustó la idea del cuaderno, tenía dos pero el que más lástima me dio perder fue el que estaba escribiendo, estaba demasiado prolífica esos días… a ver si les escribo a esas personas y consigo algo! =)

      Besos y adelante para ambas!

  4. Que pena Nati por el robo, son circunstancias difíciles y que no quisiéramos pasar. Pero cada cosa nos enseña algo y tu ya descubriste los mensajes. Me encantó el post y nos pone en alerta a los que vamos a partir. Aprendizaje por montones.
    Sigue adelante aprendiendo con cada experiencia!!!

  5. ufff nati… que feo… creo que así como uno de los buenos presagios para los que viajamos en vehículo es que se nos rompa el día que partimos, otro buen presagio es que nos roben (jajaj). A mi también me robaron en Lima, no me robaron cosas materiales grosas como una compu, pero yo en la mochila de mano tenía mi licencia de conducir, la cedula verde de mi kombi, el estereo, mi dni, las llaves de mi kombi (una de seguridad que le puse que si no tenía la copia en la riñonera interna me tocaba romper la chapa) y mi camara de fotos con las fotos de macchu picchu y nazca… ufff fue muy duro, en el momento temblaba pensando en como iba a seguir viajando sin esas cosas, creí que se terminaba ahí…pero toca superarlo y hacerse más fuerte.
    En fin, ya estas bautizada! lo mas pena da son las fotos, pero es como te dijo tu hermano. Abrazos!!!!!!

    • Después de esta ya no más, espero que sea el bautizo y que no haya confirmación =p Lo de mi hermano.. se pasó! Me hizo reir tanto que me sacó la tristeza! Besos!!

  6. Hermosa reflexion. Para leer y volver a leer. Siempre vigente. Para ser aplicada en esta y muchas mas circunstancias de la vida. Se te vé muy madura ante lo pasado, pero lo mejor fue tu enfoque hacia adelante. Vamos con mas fuerza ahora y a no tropezar con el mismo error.

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