Muchas veces dije que fue un robo. Era una forma fácil de decirlo, de evitar las preguntas, las miradas incrédulas y las dudas obvias. Un robo puede pasarle a cualquiera. Decía que me robaron, además, para evitar la explicación y el dolor, para no recordarlo todo. Pero no me robaron.
 
Cada vez que lo cuento busco de nuevo las palabras e inhalo fuerte y aprieto la panza antes de pronunciarlo: me estafaron. Y espero, por una milésima de segundo, la reacción. Una burla o una condecendencia que, claro, jamás llega. Y espero la burla porque una estafa, en la mente de quien nunca lo vivió, no le pasa a cualquiera: solo a alguien muy ingenuo, a alguien mayor o a alguien poco inteligente. O eso pensaba yo, cuando tenía más ego que cuerpo. Eso pensaba hasta que tuve no que aceptarlo, sino lo que vino después: dejar de culparme, dejar de latigarme, dejar de sentirme el ser más idiota del mundo por haber confiado. Porque eso es ser estafado: darle tu confiaza a alguien y que, a propósito y con ganas, la estrelle contra el piso. Y ahora sé, y lo aseguro y lo grito si es necesario, que una estafa puede pasarle a cualquiera. Es lo mismo que los accidentes de auto, el cáncer y la muerte: creemos que son cosas que le pasan a otros. Y qué casualidad: cada uno de nosotros también es un otro para el resto.
Ahora lo puedo decir en voz alta, con la voz en paz y la mirada firme. Pero no siempre fue así: hace unos meses solo era angustia. Si me hacías una preguntaba más, viajaba en el tiempo, a esos dos años de engaño. No podía siquiera decirlo de corrido y en automático, sin bajar la mirada y la voz, sin quedarme muda al recordar alguna escena o sin volver a sentir el dolor que sentí esos días. No pude escribirlo siquiera sin que me tome horas días meses hacer este texto, sin acurrucarme en la silla, sin dejar que el mate se enfríe porque miro la pantalla de la computadora seria, absorta, alienada, mientras noto por la ventana el brillo del sol y las plantas más verdes e intuyo el calor de afuera y escucho el agua de la fuente y dos mujeres que se saludan sonriendo pero acá dentro no: acá estoy seria, ya no lloro pero no sonrío, jamás voy a sonreír contando esta historia. Pero ahora que es octubre y pasaron seis meses la cuento en voz alta y ya no dudo de mí, ahora que es abril y pasó un año la cuento y ya no me avergüenzo, ahora que hablé tanto y me escucharon tanto, porque tal vez esas sean mis espadas contra las lágrimas, porque tal vez el tiempo y las palabras son lo que nos salva del dolor y porque, de verdad lo creo, vuelven menos duro, menos dramático y menos pesado contarlo.
 
Y lo que pasó, entonces, fue que jugaron conmigo.
Y me estafaron. Perdí mucho de lo que llevaba:
mi confianza,
mi seguridad,
mi autoestima,
mi alegría.
 
Y
la bici,
la cámara de fotos,
las alforjas,
la bolsa de dormir,
el aislante,
la carpa,
los ahorros,
la ropa,
el kindle,
varios libros,
el mat de yoga,
la armónica,
los pinceles nuevos,
por si lo primero no alcanzaba.
 
Y no sé qué es lo que más me cuesta de escribir esto: si tratar de resumir dos años y quince cuadernos en las dos mil palabras de un post o si definir hasta dónde contar, qué decir, cuánto abrirme, si decirlo todo o si recortar, acomodar, hacer como si nada pasó, buscar la manera de quedar más o menos bien. Creo que soy incapaz de hacerlo así. Digo: no sé si sé escribir de otra forma que no sea diciéndolo todo.
 
 
*
 
 
Es que entre nos y con confianza ya empiezo a dudar de qué onda L.
Muchas vueltas y cosas que comienzan a no cerrarme.
 
Eso debería haberme resonado. Como también las dudas de mis viejos, las de Jazz, las mías a las que no le daba cabida y los chistes de Durian en el hostel. Debería haberme resonado algo de todo eso.
 
Pero no. Seguí. Seguí porque, ante todo, confié. Porque siempre confío. Confié como siempre hago, porque siempre creí, y sigo creyendo, que la gente es buena. Confié porque, además, me dijeron que no preguntara tanto, que no tenía que saberlo todo. Porque, cuando las había, prefería confiar en explicaciones absurdas y no en mi intuición, porque no me atrevía a pensar que todo eso tan raro tenía un nombre más sencillo: mentira. Porque no soporto la idea de que alguien sea capaz de mentir tanto. No la soporto en su significado más físico: no la puedo sostener. Si la idea fuese un algo tangible, se me abrirían los dedos y la mentira se escurriría porque eso: no la entiendo. No le encuentro sentido ni lugar en el mundo. Todavía hoy, cuando recuerdo todo lo que pasó, todo lo que dijo y todo lo que hizo, me cuesta creerlo: me cuesta creer que alguien sea capaz de inventarlo todo. Y por todo quiero decir: su vida entera. Su identidad. Su pasado. Su futuro. Su trabajo. Sus sueños. Su familia. Sus conocimientos. Su edad. Su infancia. Su ser.
 
Lo gracioso -lo tristemente gracioso- y lo peor de todo esto es que yo confié hasta último momento. Confié aunque la realidad era obvia y aplastante, aunque me cuestionaba y le cuestionaba, confié a pesar de sus incoherencias y a pesar de mis dudas, confié porque, a pesar de todo eso, no me animé a decirlo en voz alta. Porque incluso ahí, ya en Argentina, cuando hilvanaba las obviedades que no había notado antes, cuando miraba lo sucedido como una película a la que ahora creía entender, cuando una gran parte de mí tenía la certeza de que todo era mentira, incluso ahí, le daba el beneficio a la duda. Incluso cuando me llamó por teléfono y me dijo cosas irreproducibles, no por obsenas o groseras sino por ridículas y a mí me resbalaban como aceite porque hasta su voz quebrada me sonaba ficticia, incluso ahí, que sentía una nube negra, negrísima, sobre mí, que podía estallar si yo aseveraba que todo había sido una estafa y no tenía cómo comprobarlo. No tenía ninguna prueba más que la lógica y las promesas que no se cumplían y para mí no era suficiente. Y hacia afuera lo justificaba, resoplaba y esperaba.
 
 
*
 
 
La primera alarma fue una propaganda, un día de noviembre que estábamos en Uruguay con mi familia.
 
¿Hacés lo que él quiere para que no se enoje?
 
Eso era lo primero que decía. Y yo dije, para mis adentros, que sí.
 
¿Se pone nervioso cuando no le contestás rápido los mensajes?
 
También dije que sí. Dije que sí a varias cosas: a que su excusa era que me cuidaba, a que hablaba mal de mi familia y mis amigos, a que me controlaba, a que se enojaba sin razón.
 
Se enojaba todos los días sin razón. No te puedo explicar todo, Natalia.
 
Eso me decía.
 
Miraba la tele sin pestañar. Sin moverme. Sin respirar. Fue la primera vez que pensé que algo estaba mal. Fue la primera vez que me permití dudar. Fue la primera vez que no lo justifiqué:
 
¿L es manipulador, entonces?
¿Todo eso era violencia?
¿Por eso Hernán me preguntó dos veces si alguna vez me había pegado?
 
 
 
 
 
¿Todos lo veían menos yo?
 
 
*
 
 
Me alejo de esos días y sospecho que ya no era confianza: era mi mente que negaba lo que mi intuición ya sabía.
Es difícil hacerse cargo del dolor.
 
Y eso duró hasta que lo que estalló no fue la nube negra de culpa sino la realidad misma. Una realidad en forma de mensaje de facebook un martes de abril en que Judith, que nos había hospedado en Ipiales, me habló.
 
¿Sabés algo de L.?
 
Y fue suficiente.
 
Me puse nerviosa, me erguí en la silla. Le pregunté qué necesitaba. Es que nos debe plata, me dijo. Se me entrecortó la respiración. Sentí el corazón temblando, el pecho temblando, las manos temblando. La lista de pendientes para esa tarde perdió importancia y urgencia. Le pregunté cuánto dinero. Trescientos dólares. Y la tablet, una cámara de fotos y una de video.
Sentí pánico. Muchas ganas de llorar.
Hasta ese momento, hasta ese día, yo creía que L. les había comprado la filmadora y que la tablet, que la vi cuando estuvimos en Ecuador porque, según me dijo, la tuvo guardada todo el viaje por Colombia, era suya. También creía, una mínima parte de mí creía todavía, que todas mis cosas y mi dinero me lo iba a devolver cuando llegara a Argentina.
 
Eso me decía.
 
Pero el hilo fino, finísimo, del que se sostenía mi caos y el beneficio a la duda se rompió y esa mole de verdad dura, pesada, asfixiante y culposa que estaba dentro de mí o sobre mí, no lo sé, cayó al vacío y solo en ese momento pude verla. Pero me liberé de la mentira ajena y, para mi sorpresa, tuve paz. No tenía que sostener más nada. No tenía que forzarme a confiar. No tenía que intentar convencerme nunca más de que todo podía ser verdad. No tenía que pelearme contra mi intuición, contra la lógica y contra todos los que me lo decían: «Es mentira Nati. Nunca te va a devolver nada. Olvidate del dinero y de tus cosas. Empezá de nuevo.»
 
 
 
*
 
 
Esos dos años tuve la necesidad, la urgencia y la compulsión de escribir todo lo que pasaba. Necesitaba dejar en algún otro lado que no sea mi mente todo lo que sucedía. Para no asfixiarme con mis pensamientos, supongo. Para no sentir el peso de la realidad, tal vez. Ahora creo, también, que era para no dudar, en un futuro, de mi propia memoria.
 
Y pensaba que uno, que yo, era capaz de olvidar lo que había pasado, pero me di cuenta de que no: uno no olvida. Podés no pensar todos los días, pero jamás lo olvidás. Las cosas que te marcan no las olvidas. Podés, tal vez, no pensar en ello todo el día todos los días, tal vez lográs pasar horas días semanas sin que asome a tu cabeza, pero de repente un comentario, una noticia en la tele, una foto, una canción, un olor hace que todo vuelva. Eso mismo me pasa ahora: escucho palabras como Colombia, bicicleta, viajar, cámara de fotos, alforjas, mentira, violencia o manipulación y dos años se condensan en el pecho y me aprietan el esternón. Son las palabras que muchos meses me cortaron la respiración. Son palabras que, dudo, alguna vez pueda pronunciar sin sentir un mínimo de dolor.
 
Pero el tiempo cura. Las palabras curan. Darse tiempo y darse palabras curan. A mí me curaron. La felicidad, creo hoy, es directamente proporcional al dolor. Es la certeza de que más grande es la herida más luz deja entrar.

 

Autora

Me gusta ver este blog como un espacio en el que compartir mis viajes para animarte a que vos también te lo hagas. Vas a encontrar historias, fotos, info útil y consejos para te animes y des el primer paso.

24 Comentarios

  1. Holaaa! Hermana! Lamento mucho leer esto! Seguro ya sacaste conclusiones, enseñanzas y cosas positivas de todo esto! Porque sos una guerrera! Y siempre se sigue!
    Conocí de vos hace 5 o 6 años, una amiga me paso tu blog!. Nosotrxs planeando nuestro primer viaje.
    Hoy en dia, vivo viajando y haciendo lo que amo! No tengo lugar fijo y soy artesano orfebre!
    Fuiste una gran impulsadora en esta hermosura que le paso a mi vida!
    Perdiste muchisimo, pero dejaste muchisimas huellas en muchos lugares!
    Gracias infinitas! A seguir viviendo y no pierdas la confianza que te caracteriza!

    En 2 meses arranco hacia colombia de nuevo! Y por cosas de la vida, entre nuevamente!

    Gracias x tanto! Abundancia y buenas rutas.

  2. Hola,

    LLegué por que sí, buscando info de Perú,Bolivia,Chile, y encontré esta página, que me ha tocado, tanto como para escribirte, y sólo decirte que la vida a veces tiene tragos amargos. De lo material, más allá de que haya valor sentimental, todo se puede volver a comprar. Si se rompe el ordenador, siempre queremos recuperar las fotos, poco más, alguna vez algún trabajo,etc. De lo no material, no he vivido nada parecido,y supongo que tiene que tocar, y se ve que eres sensible, pero fuerte al mismo tiempo. Y que el tiempo lo cura todo, y aunque ahora esas palabras te suenen a eso, un día no te sonaran a eso. Irá desapareciendo por completo, y otros vendrán para alegrarte la vida.

    Un abrazo desde el otro lado del charco

    • Nati Bainotti Responder

      Muchas gracias por tus palabras José Luis =) Tal como decís, el tiempo cura y las palabras poco a poco las empiezo a relacionar con otras experiencias. Y es hermoso sentir ese proceso. Gracias por tomarte el tiempo de escribir. Un abrazo!

  3. Volviste!
    Me pongo alegre por ello y a la vez triste por la historia detrás del «robo». Son hechos que nos toca a muchos, especialmente los que elegimos confiar antes que desconfiar y lo importante es APRENDER. Te mando un abrazo viajero y me gustaría que hagamos algún viaje en bici. Te dejo la propuesta 😉

    • Sabes que todos nos equibocamos…
      Lo dificil es que pasa el tiempo y ves una publicacion donde esa persona es tan cara dura que, resulta que es la victima…
      Yo pense luego del mal rato que me iso pasar ya fue…
      Pero sabes que noooo.

      • Nati Bainotti

        Si, sabemos que esa es su forma de actuar, desviando la atención, poniendo sus actos en manos de otra persona, poniéndose en el lugar de víctima. Pero también sabemos que la vida no la va a llevar tan lejos

  4. La verdad que lamento que te haya pasado pero por otro lado me alegro que hayas podido superarlo y recomenzar .Toda herida deja un aprendizaje , caerse es duro pero necesario para saber levantarse .
    Yo pase por algo similar , mi ex me dejo cuando estaba sin laburo y me quedaban 400 mangos , tuve que vender todo para pagar el alquiler y no quedarme en la calle , lo que mas me dolio no fue lo material sino el hecho de que en algun momento dejo de amarme y no supe darme cuenta ademas del abandono , el arreglatelas y pase por un proceso de echarme toda la culpa , analizar mis errores , sentirme estafado tambien y llorar mucho .Con el apoyo de mi familia pude no quedarme en la calle y volver a soñar , hoy estoy preparando un viaje de dos años por Asia y Oceania y no puedo evitar pensar que tal vez las cosas pasan por algo.(Aclaro que no hubo infidelidades ni violencia , ni tampoco era/soy un mantenido ni aprovechador , llevaba 4 meses buscando laburo pero sin tener ni una entrevista )Por ahi no tiene nada que ver lo que cuento pero siento que coincidimos en que uno confia ciegamente y se abre , se apoya en el otro y no espera precisamente que de repente en un instante la otra persona se vuelva un extraño y que esa confianza o ese amor desaparezca de forma repentina , las cosas materiales no son taaan importante , lo que duele es lo que se rompe por dentro .

    • Nati Bainotti Responder

      Hola Santi! Gracias por tu mensaje. Supongo que hay ciertas experiencias diferentes que nos hacen pasar por procesos y aprendizajes similares. Lamento mucho tu historia, pero esta experiencia también me acercó a conocer experiencias de otras personas y saber que no soy la única que pasó por esto. Conocí muchas mujeres con historias similares en uno u otro punto y eso, aunque sea feo que tantos tengamos que pasar por esto, te hace sentir acompañada. Gracias por compartirme un poc de vos =) Un beso!

  5. Lo contaste en el Cadencia y se me escapó un «nooo» de pura indignación, de bronca, porque las mentiras para mi también son muy violentas y no las puedo entender. Ojalá puedas volver a confiar y de ahora en más sólo te cruces en tu camino con personas dignas. Buenos pedaleos !!

  6. Nati, ¡qué texto!, felicitaciones.
    Quizá todo lo qué pasó también sirvió para que hoy puedas hacer literatura del dolor.
    Te abrazo y te quiero.

    • Nati Bainotti Responder

      Qué lindo nombre. Creo que justamente eso -literatura del dolor- es lo que cada vez más me identifica. Sabés que fuiste parte del proceso de sanar =) Te quiero!

  7. Lo mas importante es que lo hayas superado o estes en el proceso de… hasta de esas personas y situaciones de mierda algo siempre se aprende. Que el crecimiento sea enorme, que la herida se cierre pero que tu luz nunca deje de brillar.
    Confia en vos, en tus instintos y en los que siempre van a estar ahi para vos. Esos no te cagan, aunque por momentos sus palabras duelan.

    Te quiero. Que bueno que estés de nuevo en la ruta!!

    • Nati Bainotti Responder

      Totalmente. Si algo rescato es todo el aprendizaje que tuve de esa experiencia. Y también me mostró, como decís, a los que siempre van a estar conmigo: mi familia y mis amigos han sido pilares fundamentales en este proceso =) Gracias!!

  8. No nos conocemos… Pero te quiero y admiro muchísimo. El más dulce de los abrazos para vos. Y feliz viaje! (hoy y todos los días <3)

  9. toda la fuerza/amor/valentía que se necesita para compartir esto es contagiosa y espero que liberadora para vos♡
    sos una grosa, leerte y escucharte me incentiva a enfrentar mis miedos, siempre termino con ganas de activar y vivir jaj(:

    • Nati Bainotti Responder

      Gracias ♡ Creo que acá estamos todes en eso, en apoyarnos y motivarnos unes a otres. Y me alegra muchísimo poder servir un poquito de motivación para alguien =) Abrazo!

  10. En tus palabras se puede sentir tu dolor, lo que perdiste y a su vez, todo lo que lograste.
    Se ve tu fortaleza, seguir, volver a empezar y seguir nuevamente.
    La vida nos da golpes duros, queda en nosotros tomar todo lo paso y prender de ellos o darnos por vencidos y no intentarlo nuevamente.
    Seguí creyendo, en vos siempre.
    Sos tu mejor guia.
    🙌💜

    • Nati Bainotti Responder

      Gracias por tus palabras 💜 Sacar aprendizajes de todo, no? Y juntarse, hacerse más fuerte y seguir. Que queda mucha vida todavía =)

  11. Dolorosa reflexión pero con la convicción de tus fortalezas la luz y el camino a seguir es maravilloso!!!

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